Cómo ha sido mi semana académica?
Mi semana académica (como todas mis otras semanas) empezó el lunes, con un ataque de pánico combinado con un mini-infarto. Esta reacción de mi viejo reloj fue patrocinada por Jonatán, un compañero que tuvo la cortesía de invitarme a una clase con estudiantes internacionales: treinta minutos antes de la hora. En ropa de ejercicio y con mi peinado forjado por la almohada, corrí hacia el lugar del encuentro con mi mochila gastada a rastras.
Llegué al lugar, el ostentoso y reluciente edificio de maestrías de la universidad. Inmediatamente puse el pie en el frío cemento de la entrada sentí una vibra extraña subiendo por mi cuerpo: era la capital. El edificio de posgrado es una réplica de uno de los edificios de la PUCMM en Santo Domingo. El estilo arquitectónico, los mosaicos, las losas del baño, el salón octagonal en el que se hacen los congresos y las reuniones. Todo era idéntico a ese edificio campitaleño, como le decimos de burla los chicos y yo.
Después de concluir que ambos edificios son idénticos hasta en el olor de carro nuevo, tomamos la clase. Un profesor de una Southeastern University (ojo, que nunca especificaron al sureste de qué estaba su universidad), empezó a lanzar términos económicos que sólo había escuchado en películas que van de Wall Street e inversionistas engreidos. Y dale con el Market Value, dale con el P. E., dale con los dollars per share, dale con el net income y el stock value... El punto es que escuché todo, entendí la mitad y anoté menos de un cuarto de lo que el hombre dijo.
Al llegar las doce, me levanté de mi asiento de la manera en la que se notara lo menos posible y me acerqué al hinchado profesional. El profesor Mahogahy, o Mr. Shackshawney, o "el comosellame" me miró con ojos de cocodrilo: lentos, amarillos, de pupila vertical y con una macabra disposición de arrancarme un brazo con la boca (al menos eso sentí que decían). Al llegar a su espacio argumenté que tenía que irme, y simplemente hizo un gesto con la mano.
Y hasta ahí llegó la extensión académica de mi Lunes, un día que, salvo situaciones excepcionales, no dedico a lo académico.
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